Estaba tan aburrida, que pensaba que si en ese momento había algún tipo de catástrofe, natural o no, la hubiese recibido con alegría y hasta agradecimiento. Si explotaban todas las tuberías de la casa porque sí, un terremoto me dejaba con el baño de balcón, volaba media cocina por escape de gas, alguien se tiraba de la terraza y lo percibía ese segundo que apagaba el ruido de la calle y la luz del día con su propio cuerpo deflagrando el aire, el mundo se doblaba sobre sí y lo viese desde lejos acercarse como si fuese un plano que se pliega simétrico y rotundo, las plantas crecían de golpe hasta tapar todo de verde y marrón alternativamente, quedando nosotros como adornos suyos o ruinas nuestras, un pájaro enorme se estrellaba contra mi ventana de vidrio rompiéndola toda y degollándose en el choque llenando de sangre las sillas y las paredes y entregando su cabeza trofeo que rodando hasta la puerta de entrada con los ojos todavía salvajes repletos de vidrios me mirara y luego a la puerta, como si para liberarse me instara solamente a abrirle, si algo de esto, una dosis, un casi, tal vez yo hubiese suspirado.
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jueves, 18 de febrero de 2010
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