viernes, 11 de enero de 2008

Algunas cosas

En el apaisado entrelinear de las voces, distinguí la de él, Bato, que decía con la simpleza de quien describe un linyera tirado en la calle, que ella la pasaba bien, porque le gustaba ahí, pero que él no porque no le gustaba ahí, y que eso abría un abismo entre ellos. Ella, Tuc, bajita, no hablaba. El abismo los había comido, se los había tirado adentro parecía y les estaba devorando cada milésima de segundo invertido, disfrutado o no, en ese ellos. Caminando por Pueyrredón un chino me pregunta la hora y me pierdo lo que él dice cuando ella lo mira, pero distingo en sus labios, en el movimiento de su boca dejada al silencio de la hora del chino, la forma del abismo, de la palabra tópico de esa caminata. Es el amague del mar en el oleaje, me apuro para llegar hasta ellos que al pararse frente a una vidriera mirando un futón, me hacen tragar toda la espuma. Los recupero en el semáforo de Mansilla. Cuando se iba haciendo de noche yo quería decirte algo que no sé si es para decir de noche, pero es algo que el otro día también pensé y me quedé mirando de pensar eso que te quería decir aunque después me olvidé. Bueno, te lo digo aunque sea ahora. A veces me siento solo. Y el semáforo de verde los empuja a seguir y ella que no lo mira y se para frente a otra vidriera a mirar otro futón, y grita, o exclama, o lo habla muy fuerte: “futonazo”. Bato que tiene que descender sobre sí para mirarle la expresión del rostro, le dice que sí con la cabeza y casi al instante le pregunta, ¿escuchaste lo que te dije?
Japón es una ciudad maravillosa de imagen muy limpia, pero igualmente tiene esquinas que son lo sucias y algunas costumbres que nos parecerían muy funcionales aunque detestables como por ejemplo que alguien empuje el remanente de gente frente a las puertas del subte para que entre en los vagones; tienen empleados especiales para eso. Hecatombe son cien toros, y una urdimbre es la ubre de la vaca masticada por el ternero que la deja entremezclada de sangre, leche y carne. Y así, la urdimbre y la hecatombe.
A Paraguay llegamos y en cinco hileras apenas veo sus cabezas desde atrás. Caminan abrazados, él alto, ella bajita, el abismo que parece según él, que se les viene encima y entran a un bar en la esquina de Córdoba. Ir atrás es una frase documental, así que yo les voy encima y los choco al entrar, y después de pedir perdón, busco una mesa casi al lado de la que ellos eligen. Un solo de quena la tele que suena. Un sorbo de agua, un cenicero y hablan, un café, y él saca un folleto de una cámara de fotos. Le dice que se va a comprar una cámara para ir a sacar fotos por el sur, que el sur es enorme y que él necesita visitarlo y sacarle fotos. Ella lo interrumpe poniéndole su mano en el folleto y la otra sobre otra de las manos de él que no está en el folleto, la tele muestra como en Manila han sacado un hombre de su casa lo han llenado de flores y llevado en andas y declarado una persona fuera de sitio, considerándolo a la vez dios y prescindible.
Las manos de ellas que lo tantean, y un preámbulo que habla de las decisiones de la vida y que eso del abismo puede ser cierto y que ella también se siente sola, aunque no es de ahora, se siente sola desde chiquita. Y de golpe, después de un vaso de agua que le moja la pollera, y después de limpiarse, ahí, después de eso sí, de golpe, le dice que conoció a alguien, bah, que ya la conocía, es una chica, que le gustan las chicas, a ella, y que conoció una que le gusta y a la que también le gustan las chicas y especialmente ella. Aunque él no deja de gustarle y eso es raro porque ella no cree ser digamos, bisexual, cree que le gustan las chicas simplemente, pero que él le gusta. Y aunque no lo dice, no lo termina de decir, le dice que tal vez él le guste porque es medio nena, medio nenita, medio aniñado, medio así, y hasta quiebra la mano en sus pensamientos. Él guarda el folleto, o lo tira, lo deposita en su bolso verde, que parece hecho de flores ahora, y se suelta de las manos de ella y sin decir una palabra se levanta y se va al baño, rumbo a allí, dejando sus cosas en la mesa. Ella mira la tele un minuto, un perro persigue una pelota en un parque enorme, muy con pasto, muy grande y el perro cuando se agota, se cansa, mira la cámara cómo pidiendo explicaciones frente a la pelota incansable que no se detiene, y se encoge de hombros. Por computadora piensa ella, el perro se encoge de hombros por computadora. Él cuando vuelve, ella no está. Después que mira para el baño unos diez minutos, no entiende, se convence, saca el folleto de nuevo pero no lo mira mucho, lo pone debajo de un vaso y lo alisa, lo alisa, y dice la puta madre porque a mí en voz alta, y pide una ginebra. Una ginebrita le dice el mozo, enseguida se la traigo, pero se olvida, él lo llama de nuevo. Sí, sí, ya se la voy trayendo, y al rato se toma la segunda. Se fuma un cigarrillo y cuando está buscando la plata para pagar ella vuelve. Le dice que fue a hacer una llamada, qué por qué él se estaba yendo. Él le dice que creyó... que bueno, no importa... Te ibas a ir después de lo que estábamos hablando, ves que te digo que estamos en un momento en el que no podemos hablar de nada, que no nos entendemos.
El Cormoarán es una especie de pato con pies de pingüino, y cuando pisa la arena lo hace con esos pies, balanceándose a los lados, lo muestran como camina por la arena y como al ver las olas venir levanta vuelo, revolotea un poco y vuelve con Parrish, que tiene dos como mascotas en su casa y sobre su piano les ha enseñado a tocar Para Elisa.
Es que nunca pensé que me ibas a salir con algo así, algo por el estilo, yo la verdad que jamás pensé... No seas tan drástico, la cosa es que es así. Nos vamos a México la semana que viene de vacaciones y al volver a lo mejor probamos vivir juntas en su casa, vamos a ver qué pasa, cómo nos llevamos, qué siente cada una, pero yo te sigo queriendo. No, no me digas eso, es imposible querer así a dos personas a la vez, un hombre, una mujer, irte de vacaciones, decir lo que me estás diciendo, y yo te hablaba del abismo... esto es más bien una especie de… y busca la palabra: ramificación, sí, una ramificación ilimitada. Más bien, no está muy bien dicho y es más bien un rodeo diría yo. Un rodeo sobre el mismo problema que es definir, hacer lo que quiero, lo que me hace bien. Pero eso que a vos te hace bien, a mí no, y vos estás alternativamente en uno y otro lado buscando mientras yo creía que estabas acá, encontrándote conmigo. Pero estábamos buscando un futón para que nos sintiéramos más cómodos en casa. Casa es una palabra y un lugar y la concreción de algo, algo que la soledad y el abismo no siente que se aloje en esa mesa donde México se interpuso como un vaivén de mariachis, donde la Ginebra parece ser otro lugar que lo comprende más y que lo anima. Yo me iba a ir porque tardaste mucho y ni siquiera me dijiste donde ibas y dejaste mis cosas solas, mi folleto de la cámara, ¿y si era la cámara de verdad qué? me la podían robar. Yo lo que te digo es que lo pienses, que por ahí eso de la soledad estando solos, o digamos cada uno por su lado, se nos pasa, o no sé, por ahí no vuelvo. Te podría decir que estoy confundida, pero no lo estoy.
La isla Martín García fue llamada así por el primer navegante que llegó a sus costas, Adolfo de Martín y García, un asturiano valiente que murió joven dejando descendencia en toda la isla. La isla de Pascuas fue descubierta para primavera y la isla de Haití fue la primera en independizarse de España aunque ahora es uno de los lugares más pobres de la tierra. Las decisiones que pueden ser confusas y la geografía que separa y une, libera y empobrece, monolitizando en representaciones de rostros extraños la espera y el deseo.
Y el futón, pregunta él. Lo compramos, comprémoslo igual, está bárbaro. Pero y lo dejamos en casa o te lo vas a querer llevar. No sé, cuando vuelva vemos. Vos te vas a comprar la cámara también y yo no sé, a mí no me sirve, por ahí vos te quedás con la cámara y yo con el futón, suena justo, ¿no? La cabeza se le derrama sobre sí misma por dentro y hacia adentro, los oídos que son la fuente de la equilibrio le laten y le asignan sutiles arrastres sonoros a todo lo que escucha, cuando golpea mínimamente la mesa con un dedo es un cuccc prolongado que no sabe cuanto va a quedarse hasta que al final cuando cree que se va a quedar para siempre termina, al igual que su equilibrio que con la información errónea de los oídos lo deja arrinconado y oblicuo contra la pared. Necesito aire dice y todos los ademanes que hace para pararse parecen un manual descriptivo de la regularidad del movimiento, desdoblados y expositivos, de lentitud excesivamente precisa y secos. Sale a la calle e intenta caminar. Cruza Pueyrredón con la suerte de un semáforo en rojo. Ella lo sigue rápido. El mozo cuando llega me mira como si a mi me correspondiese pagar la cuenta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muchas parejas en las historias de Juan Carlos.... y tantos desaires...¿será baires?

Anónimo dijo...

Cuando se desencripta Juan Carlos me resulta mucho mas interesante. En cuanto a las mujeres y Baires, quizá sea hora de buscar chicas de su casa, no quedan Silvinas Ocampo en baires, solo espectros e imposturas, el futuro es de las amas de casa, las oficinistas y la maestra de grado!